Criterio de compra

Comprar backlinks: qué estás comprando de verdad

Pagar por una publicación no convierte el enlace en bueno, y tampoco te sitúa fuera de las políticas del buscador. Merece la pena saber exactamente dónde estás pisando.

"Comprar backlinks" describe al menos cuatro operaciones distintas, con riesgos y precios que no se parecen. El presupuesto que te llega casi nunca aclara cuál de las cuatro estás contratando, y ahí empieza la mayoría de los malentendidos.

Cuatro cosas distintas con el mismo nombre

La primera es pagar a un medio por publicar un artículo que incluye tu enlace: un advertorial, con o sin etiqueta. La segunda es comprar en un marketplace, donde eliges un dominio de un catálogo y la plataforma coordina la publicación. La tercera es contratar la producción y la distribución de una pieza, de forma que el pago cubre el trabajo editorial y el acceso al medio va aparte. La cuarta es delegar el programa completo a una agencia, que decide destinos, criterios y ritmo.

Las cuatro pueden salir bien o mal. Lo que cambia radicalmente entre ellas es quién asume la decisión y quién responde si el enlace desaparece a los cuatro meses. Antes de comparar precios, conviene saber en qué casilla estás.

Qué dice Google, literalmente

Vale la pena leer el texto original en lugar de la versión de sobremesa. Las políticas de spam de Google definen el link spam como la práctica de crear enlaces hacia o desde un sitio principalmente con el propósito de manipular los rankings. Entre los ejemplos que enumeran hay dos que afectan de lleno a esta conversación.

El primero es la compra o venta de enlaces con fines de posicionamiento, e incluye tres formas de pago: intercambiar dinero por enlaces o por publicaciones que los contengan, intercambiar bienes o servicios por enlaces, y enviar un producto a alguien para que escriba sobre él incluyendo un enlace. Esa tercera forma sorprende a mucha gente: el clásico envío de producto a un blog o a un creador, si el enlace transmite señales de ranking, entra en la misma categoría que pagar una factura.

El segundo es explícito con el formato más vendido del mercado: los advertorials o publicidad nativa donde se recibe un pago por artículos que incluyen enlaces que transmiten señales de ranking. Es la definición exacta del guest post pagado tal como se comercializa en Latinoamérica.

La misma lista incluye la creación de contenido de poco valor con el fin principal de manipular señales de enlaces. Y en paralelo, la política de scaled content abuse aborda la generación de muchas páginas con el propósito principal de manipular rankings sin ayudar a los usuarios, sin importar cómo se hayan creado. Si el artículo que aloja tu enlace no tendría ningún otro motivo para existir, esa es la casilla en la que cae.

La consecuencia práctica es sencilla: nadie puede garantizarte que una publicación pagada transmita señales de ranking, porque hacerlo implica describir un incumplimiento como si fuera una prestación del servicio.

La publicidad y los patrocinios son parte normal de la web, y Google no pide que desaparezcan. Pide que el enlace se identifique. Su documentación sobre cómo calificar enlaces salientes señala rel="sponsored" como valor preferente para anuncios y colocaciones pagadas, admite rel="nofollow" como alternativa todavía aceptable, y advierte que los enlaces marcados así por norma general no se siguen. Quien controla ese atributo es el medio que publica, no tú y no tu proveedor.

El riesgo que casi nadie te cuenta

Hay una parte de las políticas que cambió la ecuación de los advertorials y que sigue ausente de la mayoría de las propuestas: el abuso de reputación del sitio. Google lo define como la táctica de publicar contenido de terceros en un sitio anfitrión principalmente por las señales de posicionamiento que ese anfitrión ya tiene establecidas, y que ha ganado sobre todo con su propio contenido. La política aclara que tener contenido de terceros no es en sí una infracción; el problema aparece cuando se publica sobre todo para aprovechar esas señales.

Aquí entramos en interpretación, y lo decimos abiertamente porque Google no publica la lista de casos: un medio grande y generalista que aloja una sección de artículos patrocinados sobre temas que no tienen nada que ver con su redacción encaja bastante bien en esa descripción.

Lo que te afecta directamente es que el valor por el que pagas puede evaporarse sin que nadie te avise: si esa sección del medio pierde sus señales, el enlace sigue ahí, la factura ya está pagada y el efecto desaparece. Es un riesgo de activo, no de castigo, y explica por qué en Authority Lab preferimos medios más pequeños con una línea editorial de verdad antes que un dominio enorme con una sección de alquiler.

Cómo detectarlo en dos minutos. Busca la sección donde se publicaría tu artículo y mira las diez piezas anteriores. Si hablan de temas sin relación entre sí y ninguna la firma alguien de la redacción, estás comprando espacio en un anexo, no en el medio.

Cómo leer un precio

Un presupuesto por publicación mezcla tres conceptos y conviene desglosarlos, porque solo uno de los tres es negociable de verdad:

  • Acceso al medio. Lo que cobra el sitio por publicar. Es un costo de mercado y varía enormemente según el país, el sector y lo saturado que esté el dominio.
  • Producción. Investigación, redacción, edición y adaptación al tono del medio. Es la partida donde se nota si el artículo lo escribió alguien que entiende tu negocio.
  • Gestión. Prospección, evaluación, negociación, coordinación, verificación y reporte. Es lo que separa un servicio de una reventa de inventario.

Con ese desglose delante, la pregunta cambia: lo que importa es qué proporción se va en acceso. Un presupuesto donde el 90 % es acceso y el resto es un artículo de quinientas palabras es un marketplace con otro nombre, y está bien si es lo que buscas. El error es pagarlo pensando que compras criterio.

Un segundo cálculo útil: divide el costo entre los dominios de referencia nuevos que ese plan te va a traer, no entre las publicaciones. Repetir tres veces el mismo medio cuenta como un dominio, y esa diferencia cambia el costo real por más del doble en muchos presupuestos que hemos revisado.

Señales de que estás mirando un catálogo

Tener opciones no es un problema. Aceptar cualquier tema, sí. Estas son las señales que nos hacen frenar:

Sin línea editorial reconocible

Dominios que publican sobre salud, casinos, préstamos, moda y software en la misma semana están vendiendo inventario. La maquetación puede ser impecable; el criterio no existe.

Métricas sin contexto

DR y tráfico estimado sirven para filtrar y se malinterpretan con facilidad. Mira el país del tráfico, qué páginas lo generan, la evolución de los últimos dos años y el patrón de dominios salientes. Ahrefs es una fuente de datos, no un sello de calidad.

Anchors forzados

Un anchor comercial exacto luce bien en una propuesta y, repetido en varias publicaciones, deja un rastro evidente. El texto debe leerse con naturalidad dentro del párrafo.

Garantías que el proveedor no controla

Enlace follow asegurado, permanencia garantizada de por vida, posición en Google en tres meses. Ninguna de las tres depende de quien te la promete.

Opacidad antes de firmar

Si no puedes saber el dominio concreto, la sección y el atributo previsto antes de comprometer el pago, estás comprando a ciegas. Esta es la única señal que, por sí sola, nos hace descartar una operación.

Siete preguntas antes de pagar

  1. ¿Puedo ver y aprobar el dominio y la sección exactos antes de contratar?
  2. ¿Qué relación tiene la audiencia de ese medio con mi página de destino?
  3. ¿Quién escribe el artículo y quién lo aprueba en la redacción?
  4. ¿Cuál será el atributo del enlace y qué pasa si el medio lo cambia después?
  5. ¿Qué ocurre si la publicación se elimina, se despublica o se reescribe?
  6. ¿Cómo se reportan URL, anchor, atributo, fuente de las métricas y fecha?
  7. ¿Cuántos dominios nuevos aporta este plan, contando repeticiones aparte?

Una respuesta clara no elimina el riesgo, pero permite decidir con información. Y sirve para lo mismo en las dos direcciones: si un proveedor responde bien a las siete, es probable que sepa lo que hace.

Qué más hay, además de pagar un placement

Un recurso genuinamente útil sigue consiguiendo enlaces por su cuenta, sobre todo si resuelve un cálculo, ofrece datos que nadie más publica o ahorra trabajo a alguien. Una campaña de Digital PR puede generar cobertura cuando existe una historia con datos propios o una opinión que aporta contexto a una conversación en marcha. Y las relaciones con partners, asociaciones sectoriales y eventos abren oportunidades que no aparecen en ningún catálogo.

Dicho esto, hay ocasiones en las que una oportunidad patrocinada encaja bien y merece la pena. Lo importante es llamarla por su nombre, evaluar el sitio con los mismos criterios que cualquier otro y no pagar una garantía que nadie puede sostener.

Cómo lo hacemos aquí. Documentamos el tipo de oportunidad, pedimos aprobación antes de avanzar y verificamos el atributo publicado. Puedes ver el proceso completo en la metodología de link building, los criterios de selección en la guía de link building o contarnos qué presupuesto estás valorando.